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A una tabla de la salvación

28 agosto 2009 608 lecturas No Comment

A una tabla de la salvaciónUn nuevo deporte extremo se impone en el centro del país. Lograr volverse uno solo con el río montando una tabla parece la salvación. Catorce 6 vivió la experiencia.
Narda Ardila / Fotos: Alejandro Calderón

En medio de cañaduzales, el dulce olor de los trapiches y un clima templado y apacible, escucho el rugido del caudal del río Pinzaima, en Nimaima (Cundinamarca). El sonido me anuncia, como diría el realismo mágico de García Márquez, que algo extremo va a pasar.

Ese mismo rugido, al que ya se acostumbraron los aproximadamente 3500 habitantes de la provincia del Gualivá, fue el que según los anales de la historia arrastró en una creciente a decenas de mineros en el año 1828; un episodio dramático del que aún hablanen la región. Quizá por esas historias, ahora convertidas en leyendas, los campesinos respetan y veneran al río; un afluente bravío que le está dando más fama a la región que la que obtuvo por la industria de la panela. “Es que esta es una tierra extrema. La cuna del ecoturismo”,dicen los lugareños.

Y no se equivocan. En medio de los ya tradicionales deportes extremos como el rafting (descender por el río en un bote inflable) o el rappel (escalar o descender cascadas), se abre paso el hydrospeed. La historia de este deporte empieza en el año 2003, cuando un grupo de buzos y montañistas se atrevió a pedirle permiso a las oscuras aguas del río Pinzaima para deslizarse aguas abajo y sortear las innumerables rocas nada más que sobre una tabla (una más corta que la que se usa para ‘surfear’). Algo inspirado en lo que hacen los niños de la región sobre neumáticos.

La travesía empieza caminando una trocha reseca por el sol y las altas temperaturas. Voy en medio de un grupo de 10 personas en busca de un sitio apropiado para entregarme al río. Las mariposas de colores se adhieren a la vegetación verde en un cañón encerrado por montañas puntiagudas.

En medio de este sugestivo ambiente para los sentidos, Mauricio Rodríguez, montañista que ha conquistado las mayo¬res cumbres latinoamericanas, pregunta al grupo sobre las me¬tas que cada uno tiene a cinco años, pues sugiere que además de los 5 kilómetros de aventura, el río ofrecerá respuestas a los corazones de quienes se atrevan a terminar.

Equipo para practicar el deporte extremoEl grupo integrado por Leonardo, Mauricio y Yesid comienza el ritual con toda clase de atavíos: un casco, pro¬tectores de rodillas y canillas, un chaleco salvavidas con protección contra golpes en las piedras, aletas y el hidros¬peed, que no es otra cosa que una “tabla de salvación” que no se debe soltar durante el recorrido. Es cuadrada y livia¬na, con dos manijas a los lados y coderas para que los brazos descansen.

Después de un descenso corto a pie llegamos al río. Apren¬demos que en caso de ser arrastrados por las aguas, hay que permanecer flotando de manera recta boca arriba para impedir que las rocas golpeen la espalda. También nos aconsejan hacer giros hacia la derecha y la izquierda sobre la tabla y alcanzar la orilla, así durante unas cuatros veces.

El grupo de expertos ocupó los tres puestos clave: un pun¬tero, un medio y uno que cerraba el grupo, es decir, quien iba de último. En medio íbamos nosotros, los inexpertos. Nos indican que es necesario hacer paradas técnicas para retomar fuerzas y revisar el curso del río, que cambia en cada tramo debido a derrumbes y a la fuerza del caudal. Fue entonces cuando a mi cabeza vino Heráclito de Efeso con su máxima inmortalizada: “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Recorrido para personas entre 25 y 45 anños.La calma y la obediencia a las instrucciones son quizá lo maás importanteTodo pasa muy rápido, aparecen rocas de gran tamaño que deben sortearse, aunque la velocidad de la corriente impide tomar decisiones a última hora. El secreto es anticiparse al río y mantener la mayor parte del cuerpo sobre la superficie del hydrospeed para impedir que los muslos se golpeen. Pero a ve¬ces las previsiones son pocas y los golpes aparecen.

En la primera parada es inevitable sentir el corazón latir con fuerza, la adrenalina es grande y el cuerpo pide más. El fuerte caudal impide en algunas ocasiones la visibilidad, por lo que nos insisten ir siempre de frente y mantener la cabeza levantada. De repente, aparece una hermosa cascada. Allí paramos pero no se puede tocar fondo, y nos aferramos a la montaña.

Algo de paz en medio de la adrenalina. Entiendo entonces por qué al río lo asimilan con la vida. Recordando aquellos propósitos a cinco años los deseos de escapar aparecen, aun¬que no haya marcha atrás. A esa altura, el Pinzaima está a punto de unirse con el Río Negro.

Sabemos que sólo intentamos dominar el ímpetu de las aguas, que al final el río siempre es el dueño del recorrido y sabe para dónde va. Por eso hay que mantener los sentidos despiertos para aprender a escuchar lo que estas aguas tienen que hablarle al corazón. Los deportistas dicen que siempre hay respuestas para quienes quieren probarse en las crestas de un río. Igual que en las crestas de la vida.

Con los cuerpos cansados y sedientos, luego de cinco ki¬lómetros y cerca de una hora y media de lucha, la emoción desborda la llegada. Se entiende que el río es un ser vivo, que precisa de cuerpos fuertes, templa el carácter y toca los sentidos.

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